La Edad de Oro

Hoy escribo motivada por un deseo personal de rendir homenaje a través de este artículo a todas y cada una de las personas que, pasada una determinada edad, pueden y tienen la voluntad de subir a un colectivo! Estoy hablando de personas que han atravesado largos caminos en el transcurso de su vida y han alcanzado un punto en donde se considera que han vivido “casi todo”.

¿Cuántas veces nos  hemos preguntado por la  inalcanzable finitud de la raza humana? Muchas personas han buscado y aun hoy siguen buscando la formula para poder perpetuar, es decir, trascender en el tiempo logrando dejar alguna especie de insignia o marca imborrable sobre este mundo.

Bien sabemos que así como existe un inicio de la vida irremediablemente debe atravesarse un fin. Sin embargo no es del final de la vida de lo que quiero halarles sino todo lo contrario. Hay algo más importante que pensar en la hora final, no sirve de nada atormentarnos con relatos o ideas extraordinariamente subjetivas sobre aquel acontecimiento; algo que realmente puede sernos de gran ayuda es observar a nuestro alrededor a muchas personas que han sufrido grandes golpes a lo largo de su vida y aún con una mochila cargada de años transcurridos conservan casi en forma intacta su…vitalidad.

Esta hermosa palabra engloba toda una serie de cosas, en principio hace referencia  a la energía y  el dinamismo, se relaciona con la capacidad de poder seguir adelante. Esta ligada estrechamente con una forma de vida. Se trata de poder levantarse todas las mañanas y a pesar de vacilar unos segundos, poder sentir que más allá de todo aun se puede!

Existen varias formas de descubrir dónde y en qué modo se manifiesta la vitalidad en nuestra vida cotidiana. Yo particularmente me di cuenta que a lo largo de los distintos viajes que hice en colectivo existe un número extraordinariamente amplio de personas de edad avanzada que suben y realizan largos recorridos en él. Es evidente que en ellos se encuentra una gran fuerza de voluntad para hacerlo, no me estoy refiriendo a gente que obligadamente debe subir y lo hace con la poca energía que encuentra en su cuerpo; sino a personas que inmediatamente que suben en el colectivo irradian una luz especial y nos dejan  a todos sorprendidos al ver tanta energía! Pueden considerarse seguramente muy privilegiados, ya que este no es el estado que todo mundo tiene asegurado atravesar a lo largo de la vida, pero también en cierta medida más allá de ser privilegiados merecen ser felicitados! Son dignos de admiración y generan en más de una persona un gran deseo de arribar a la tercera edad en esas mismas condiciones.

En los rostros de estas personas podemos observar la imagen vital del hombre viejo expresada en su mayor valor, la sabiduría.

Si nos remontamos a una época anterior… las antiguas tribus ya había visto la sabiduría en la edad adulta, desde el momento en que los grandes guías de la verdad, los que realmente podían considerarse sabios, a quienes se frecuentaba ante los más complejos problemas eran los llamados ancianos. Muchas veces, en la sociedad actual, confundimos a ese hombre viejo, anciano, con un ser inútil incapaz de aportar algo nuevo frente al incremento de nuevas formas de conocimiento.

Quizás en cierta medida, las palabras que en este artículo quedan plasmadas son una humilde manera de recordar aquel pensamiento primitivo en donde el anciano era el portador de la verdad, en donde la experiencia que ellos tenían les daba el poder suficiente como para ser respetados y admirados por cualquiera que pudiese mirarlos a los ojos.

De esta manera rindo hoy un homenaje a aquella generación que tanto nos enseña día día con sus experiencias y su fuerza de voluntad y que nos ayuda a saber y darnos cuenta que aun después de tantos años de lucha… vale la pena seguir adelante!

La imagen que dejo para compartir con ustedes quizás no sea la  exacta expresión de vitalidad de una persona subiendo a un colectivo pero definitivamente refleja esa fuerza y ese dinamismo del que hablé en las líneas anteriores…. con mucho orgullo y con lagrimas de emoción en mi rostro… mi querido publico lector, presento a ustedes (para quien no lo conoce) al Dr. Juan C. Ocampo… (ABUA) quien  tomó la decisión de retirarse de su actividad como Juez de Familia a sus  81 años y por supuesto haciendo honor a mi sección debo confesar que él al igual que muchas otras personas siguió transportándose en colectivo hasta ese momento, así se encargó de dejarnos el mayor de los regalos que un abuelo puede dejar a cada uno de sus nietos: el valor por la vida, el placer que uno mismo puede sentir cuando logra ser alguien  y la mayor de las satisfacciones que es poder compartirlo con los demás! Gracias por mostrarnos que en esta vida… cada uno de los segundos de existencia merecen ser aprovechados al máximo sin rendirse ante las adversidades!

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  1. Fer
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