Nagoro, el pueblo japonés de los espantapájaros

Nanmoku, en la prefectura de Gunma, se encuentra en una zona montañosa sin estación de tren o acceso directo a la autopista. El 57,2% de sus 2.000 habitantes tiene 65 años o más por lo que diciembre de 2014, lanzó un programa que ofrecía casa y un pago mensual de 150.000 yenes a personas de entre 20 a 40 años para que se mudaran al pueblo hasta por un máximo de tres años y se unieran a un proyecto para revitalizar a la comunidad.

En Nagoro, en el municipio de Miyoshi, en la prefectura de Tokushima, ocurre algo similar porque sus habitantes migraron hacia las ciudades en busca de trabajo: la escuela del pueblo cerró en 2012 cuando sus dos alumnos completaron sus estudios y hoy quedan allí solo 30 ancianos.

Pero una artista logró “poblarla” con una idea muy particular: hace once años, cuando regresó a su pueblo natal, a Tsukimi se le ocurrió reemplazar a cada uno de sus antiguos vecinos con un muñeco en tamaño real.

 

 

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