TALKING CURE O TALK SHOW?

Freud describió al psicoanálisis tempranamente como la cura por la palabra. Esto quiere decir lisa y llanamente que hablar hace bien, que hablando se cura la gente. Y el mejor ejemplo eran esas histerias monstruosas que cuando recordaban como al pasar las ganas que le tenían al cuñado, y el miedo a “dar el mal paso”, desaparecían las parálisis en las piernas. Un clásico. Después de Freud, nunca nadie en la clínica volvió a ver casos tan puros como esos. Otras épocas, otros síntomas…

Pero vamos al tema que nos compete hoy

La idea de curar por la palabra es que EL PACIENTE se cure, o sea: vos. Esto implica que, salvando a Freud por el hecho de ser el primero (y hasta por ahí, porque basta ver la correspondencia con Fliess para darse cuenta con quien se analizaba) todo otro analista ya realizó un recorrido personal, su propia cura por la palabra donde habló él. Y si vamos al caso, un analista se analiza siempre, o podría analizarse siempre. Tener su propio espacio de palabra, que no es el tuyo. [...] 

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EL BUEN ANALISTA ESTÁ MUERTO, EL MAL ANALISTA: VIVITO Y CULIANDO!

Que quiero decir? Espero que te preguntes eso mismo ya desde el título. ¿es que el análisis no se trata de dos personas hablando? No, para nada. Si pensás eso, estás mal. Si tu “analista” te hizo pensar eso estás doblemente mal. Y él está peor. Consolate. Te atendés con alguien que está más loco que vos.

El analista en el análisis juega de muerto. Paga con sus palabras tu trabajo. Paga con su persona el precio de estar. Porque como persona se pierde en el momento mismo en que es tu analista. Si no es así te están estafando.

Pensalo. Ya lo dice el refrán: “un analista que da consejos, más que analista es psicoterapeuta”. Porque ir a pagar fortunas y a sufrir hemorragias libidinales para que te diga lo que él piensa de tu vida es mal negocio, el peor de todos. Eso te lo puede decir un amigo, e inclusive tu vieja, aunque a ella no quieras oírla, claro. ¿de qué carazos te sirve que un gil que se piensa el mejor de los hombres alumbre con su pusilánime antorcha tu camino? Si tu “análisis” huele (o mejor: hede) a charla de café, dejalo. Creeme, para café: es caro.  [...] 

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EL PODER DE LA PALABRA

Palabras. El mundo es palabras. Nosotros somos palabras. Nada más que eso, un efecto de lenguaje. Las palabras nos nombran, nos definen, nos dan un ser, algo de consistencia. Nos dan un cuerpo, lo construyen. Las palabras nos hablan. El lenguaje nos esperaba antes de nacer y sigue ahí una vez que hemos muerto. En el mejor de los casos, perpetuándonos algún tiempo, en alguien que recuerda nuestros nombres.

Antes de que nacieras alguien te habló; te dio un nombre, te imaginó, te habló, te cantó, te soñó, te imaginó riendo o llorando, imaginó el color de tus ojos, tus gestos, tus gustos.  [...] 

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FREUD: GENIO Y FIGURA

Este título es pésimo. Lo viste mil veces, antecedido por lo nombres de los próceres más variados. Es terrible. Huele a biografía. Los artículos que le siguen a este tipo de título son en general aburridos y casi heroicos. Además de muy extensos, claro.

Ahora bien, ¿por qué Freud se convirtió en una de esas personas de las que escribimos: genio y figura?

Todos lo sabemos, es muy simple. Porque es el padre del psicoanálisis, porque descubrió el inconsciente, la sexualidad infantil y por qué tu mamá no te deja crecer en paz. Creó la disciplina del psicoanálisis (no digo “ciencia” para no despertar discusiones estériles) que vive hasta nuestros días, lo que no es poco, aunque todos los años se vaticina su cada vez más pronta desaparición.  [...] 

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¿YO?, ARGENTINO

Escuchá esta anécdota que es genial y me va a dar el pie para comenzar este post. En realidad la voy a contar más o menos, porque más o menos la recuerdo pero lo importante está intacto.
Resulta que en esa época prolífica para la psicología y el psicoanálisis, se realizaba cada dos por tres (años) uno de esos simposiums para compartir lo descubierto (sí, el mundo logró avanzar sin Internet). Imaginate que el encuentro era un martes en Viena. Freud, Jung y Jhonson iban a asistir. Jung le avisa de la reunión a Jhonson y le dice que es un miércoles en Escocia. Antes de la reunión en sí, salta el problema y su rectificación entre los tres, y Jung, ¿qué dice? Muy simple, “fue un fallido” esto significa, fue sin querer, fue un error involuntario de mi inconsciente que no tiene nada que ver con mi yo conciente, ¿no? ¿No nos parece justa la descarga de Jung? ¿No es esto lo que el psicoanálisis postula? Para nada, y para que quede claro que viene del Grande; Freud le contesta a Jung “un caballero no hace eso ni siquiera inconscientemente”
Es brillante! Es verdaderamente notable! ¿Qué fue lo que le dijo Freud? Le dijo que era RESPONSABLE DE SU INCONCIENTE. Y así es. ¿Sorprendido? Muchos nos parapetamos detrás del último bastión de la neurosis a la manera de “mi cabeza está en mi contra” y listo el asunto. Quedamos libres de culpa y cargo, somos víctimas. Huéspedes que llevan por la vida un inconsciente parasitario que goza a nuestras expensas. Ya está, podemos dejar análisis contentos de ser bunas personas, buenos ciudadanos, amigos, padres, amantes y otros. ¿Y con lo malo que pasó? “ah, no, yo con eso no tengo nada que ver, de hecho ni estoy de acuerdo: es mi inconsciente” (!)
Para nada, para nada. Resulta que ese inconsciente es tuyo. Sí, ya se que algo oíste sobre que a fin de cuentas el inconsciente es “algo” (no vamos a ahondar ahora en esto porque me dijeron que mis posts se estaban poniendo demasiado técnicos) que está básicamente armado por otros. Otros muy significativos por cierto, tu mamá, tu abuela, un tío, un padre o su sustituto. Lacan dice “el inconsciente es el discurso del Otro” esto, para ponerlo simple significa que lo que vos pensás se apoya en todo lo que te mostraron y enseñaron en la más temprana infancia: como te cuidaron, quien lo hizo, cual era tu apodo, que lugar ocupaste en la familia, que educación religiosa te dieron (o no), que relación tenia tu familia y luego vos mismo con la comida, la sociedad, la ley, la belleza, el trabajo el descanso y millones de otras pequeñas y grandes cosas más o menos recordables. Todas sus marcas están ahí: en tu inconsciente.
Entonces volvemos al punto inicial: yo no elegí donde nacer, ni quienes serían mis padres, ni que religión profesarían, ni que rituales de iniciación y pertenencia había elaborado antes de mi llegada la sociedad en la que advine. Y, si el decantado de todo eso es mi inconsciente, por el cual estoy determinado, coaccionado en gran medida; ergo: yo no soy responsable de sus contenidos.
Error. Y nada más errado. ¿Por qué? En el recorte, en los cortes, en la escansión de cada discurso, en aquello que si quedo inscripto y aquello que no; se juega en ultima instancia la elección del sujeto. Pero esta es una frase muy fuerte y muy difícil, par hacer un ateneo no para este post. Pero hay otra manera de abordar todo este embrollo. Seguí leyendo.
Sí es cierto que tu vieja tiene “la culpa” de algunas de las cosas que te pasaron, de algo de tu manera de ser y hacer, de las cosas que te pasan. Pero esto no lo dice todo, y sobre todo no sirve para siempre como excusa. No es lo mismo la determinación que tiene un niño sobre sus acciones que un adolescente, que un adulto (como vos).
Llega un determinado momento en toda biografía en que HAY QUE HACERSE CARGO. ¿De qué? ¿De la historia de tu mamá y sus maneras y decisiones? Por supuesto que no: de las tuyas. Es un momento en el que uno deja de quejarse y de reprochar a otros (todos los demás, cualquiera) su mala fortuna y se pregunta seriamente ¿y qué hago yo con eso?
Este es el punto. Que haces con eso que supuestamente “sos”. El inconsciente no esta absolutamente determinado. Siempre hay un margen de libertad posible, es el espacio de tu decisión, de tu posición como sujeto. Es el espacio de lo que elijas, de lo que de hecho elegís. Y a partir de ese momento estás solo, de una vez y para siempre. Y a tu vieja dejala en paz porque ya me cansé (y tu analista también) de escucharte la misma cantinela. Es el momento de tomar al toro de tu inconsciente y tu vida por las astas. Vos sos responsable de lo que te pasa, de lo bueno y de lo malo. No empecés a buscar ejemplos de catástrofes naturales porque de hecho es muy poco lo que puede achacársele a la contingencia. Tenés que responder por tus actos, los concientes e inconscientes, “que no es lo mismo pero es igual”.
Y ahora ¿qué vas a hacer?
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EL AMOR, EL AMOR!

Esta vez partimos de un comentario radial, que me llegó a través de una sugerencia de Fer. La situación es, para aquellos que no leyeron su comentario, más o menos así. Una señora llama a la radio muy acalorada diciendo que se enamoró de su analista y preguntando que debe hacer. La sesuda locutora le responde que abandone de inmediato ese tratamiento, que así no sirve y que ese analista debe estar trabajando mal, muy mal porque “algo habrá hecho par que sientas esto”.
Escuchamos tantas veces la historieta de una paciente que se enamora de su analista (pido disculpas al género femenino, pero la mayor proporción de casos es así) que ya nos suena a cuento. No puede ser que pase, no puede ser que pase tanto. Si además al analista ni lo conocés, ¿quién se enamora de alguien que no conoce? Tendemos a pensar que es otra de esas leyendas urbanas o una cuestión de amas de casa idiotas y nada más.
Nada menos cierto, aunque reconozco que en su momento yo también pensaba que era algo que le ocurría sólo a las aburridas y muy aburguesadas pacientes de Freud. Ellas tan bellas, indiferentes e histéricas y el tan reconocido, tan paternalista, era una fija. Ahí lo tenés, la primer paciente de la historia del psicoanálisis (cierto que en sus comienzos, no como lo concebimos hoy), Anna O., se enamoró perdidamente de su analista. Está bien, no era Freud, era Breuer que trabajaba con él, pero la historia es jugosísima!
Me estoy yendo por los historiales, volvamos.
El asunto es muy común pasa todo el tiempo y, arranquemos de una vez, está bien que suceda. Es normal, es esperable, se presenta en formas muy variadas, pero aparece siempre. Siempre que hablamos de un análisis de verdad.
La transferencia es condición sine qua non para el establecimiento de un tratamiento. La transferencia es el motor principal de la cura y al mismo tiempo su mayor obstáculo. Del buen arte del analista dependerá como sostiene esta tensión para hacerla funcional.
La transferencia ES amor. Es así como se le presentifica al paciente. No hay otra manera de verla. Como a cada uno se le juega ese amor ya es otra cosa. Amor de transferencia no significa enamoramiento exclusivamente, no es sinónimo de amor erótico. Puede ser un sueño en el que aparece el analista y que sentimos ganas de contarle, por nimio que sea. Puede ser la sensación de que nos gustaría haber conocido a esa persona en otro contexto y ser amigos. Puede ser la sensación de agradecimiento que vas más allá de lo profesional. Puede ser la admiración y el deseo de ser elegido para integrar un grupo de trabajo (esto pasa mucho entre los análisis de los estudiantes de psicología), etc.
Lo cierto es que no hay posibilidad de análisis sin la previa entrada en transferencia. Aunque tengamos un paciente y un analista en la misma habitación, diván de por medio y todo, no hay análisis sin transferencia.
Cuando la transferencia se presenta como amor erótico se apoya en la idea de que amamos a ese hombre por la manera extraordinaria en que nos conoce, nos comprende y nos escucha. Es una ficción como cualquier otra, claramente. Como dice Freud, nos parece que de esa relación podríamos obtenerlo todo. Es la persona perfecta, nadie nos va a comprender  como él. El único problema de este idilio es que él no tiene ningún interés en nuestra persona! No de ese modo, por lo menos y a Freud gracias!
Hay otra combinaciones posibles: que el analista se enamore de la paciente (aunque acá las proporciones entre hombre y  mujeres son más parejas), el sentimiento sea mutuo, etc. En todos los casos la indicación freudiana es la misma: no ceder. Ni al propio deseo ni al del paciente. Porque lo más importante para nosotros es el benficio que el tratameitno tiene para ofrecer al paciente. Y aunque parece que corresponder al amor debería geenrar el mismo efecto, que la paciente se interesara por el tratamiento y estuviera más dispuesta que nunca a trabajar y colaborar, no es esto lo que sucede. Sucede que la paciente rápidamente pierde el interés y no quiere saber nada más que de su amor. Claro que una mujer despechada, a la que el analista simplemente se ha negado, es aún peor. No entiende razones, reclama permanentemente que su sentimiento le sea correspondido, nada quiere saber del tratamiento hasta que se agota de esperar y abandona.
Cuando digo no ceder, no digo denegar y ya. No se trata de “gusto pero me privo”. Me contaron una anécdota muy graciosa de un analista muy joven, muy churro él, al que se le enamoró una pacientita. Cuando ella se anima a confesarle su amor, él muy halagado, muy incómodo y teniendo presente que bajo ningún punto de vista debe acceder le contesta: “no, mirá yo soy casado, vos sos muy linda, pero yo no puedo…”pensando que de esta manera no heriría los sentimientos de la paciente y cumplía con las reglas. JAJAJAJAJAJAJAJAJA!!!!!!! Nada más alejado, eso es engancharse, eso es responder en el mismo plano, denegar una conquista de bar, no es un obrar analítico, no frena ese amor desencadenado sino que lo torna en un amor despechado. De más está decir que la paciente no volvió más. ¿ te estás preguntando cual fue exactamente su error? ¿siempre te habías imaginado más o menos así la respuesta? ¿te respondieron así a vos? El problema es que esa respuesta incluye a dos sujetos, dos YO, que especularmente se relacionan. Nada de esto, el analista debe reconducir ese amor a su verdadero destinatario; o reconducir ese sentimiento al que oculta detrás y en todos los casos, transformar el amor de transferencia que se ha vuelto traba en motor. Este joven analista debió fijarse aquello de lo que la paciente venía hablando para tejer el hilo lógico que unía ambos temas, hacerla pensar por que le decía eso, por que en ese momento, etc, etc. Se trata de devolver su pregunta al paciente, siempre. En este caso, de reconducir su demanda.
Así que no hay motivo APRA abandonar un tratamiento porque uno sienta que se enamoró de su analista. Si hay que hablarlo en análisis, darle cabida y ver a que nos conduce.
Por el lado del analista la responsabilidad es mayor. Allí donde el paciente tiene un derecho (el de enamorarse o enojarse, o sentir lo que quiera) el analista tiene un deber, una obligación. Y es capear el temporal de la transferencia. El analista no puede desentenderse por no ceder a la demanda. No puede expulsar al paciente sin más, como vemos a veces en las novelas “si te vas a comportar así, ya no sos más mi paciente!” ni ninguna otra ridiculez por el estilo. No puede huir, debe soportar la transferencia porque el es el origen de ella y es el responsable de ella. Es quien la genera y quien debe trabajar con ella, responder. Por un lado trabajando con el paciente sobre la verdad o no de ese sentimiento, y en el caso de haberse enamorado de un/a paciente debe trabajar este sentimiento en su propio análisis o en el espacio de supervisión porque si se enamoró el sujeto es que el no estaba haciendo de analista y si se enamoro el analista eso es fácil de encausar. Se tarta de contratransferencia, se trabaja y listo. E l analista corre con ventaja, el debe estar advertido acerca de esto, debe esperarlo, reconocerlo y solucionarlo, son sus responsabilidades.
Esta es una visión bien freudiana del asunto, Lacan plantea la transferencia en términos de amor al SSS (sujeto supuesto al saber) que es imaginarse en la persona del analista a alguien que de antemano tiene las respuestas correctas para mí, sabe de mi padecimiento, sabe aquello que yo no sé porque ha estudiado y va a ayudarme.
Esto es lógico que pase, sin esto no hay análisis posible. Uno de los mejores signos para iniciar un análisis con alguien con quien hemos tenido una entrevista, es irnos con la SENSACIÓN DE QUE PUEDE AYUDARNOS. Ese es el comienzo de la transferencia.
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“YO LE MIENTO A MI ANALISTA”

Este es uno de mis temas favoritos: el del que le “miente” al analista. ¿Y el que le “omite” información importante? Ese es todavía un tema más jugoso.
¿Cuál es la idea que subyace a esta política? Preguntando y oyendo encontré como dos corrientes.
Los detractores del análisis quieren comprobar que el análisis (y con esto se refieren a cualquier tipo de tratamiento psicológico en general) es un cuento. Que no puede decirles nada cierto ni revelador sobre ellos mismos. Entonces, mintiendo, esperan comprobar como el analista llega a conclusiones falsas (o apresuradas) sobre su persona. Para así poder decir que ellos “comprobaron” que el análisis no es más que una mentira. A la manera en que desenmascara a una tarotista, creen poder manejar las finas técnicas del psicoanálisis en su provecho y el de su particular neurosis. Esto no tiene ningún sentido para nadie. Es claro que vas a sacar un provecho nulo del análisis si no te jugás como persona ahí, lo más honestamente posible.
Igualmente este asunto tiene una trampita, porque hay algo de la estructura que se revela en la palabra misma, más allá de tu intención conciente de engañar. Porque, para el psicoanálisis y algunos lingüistas, la palabra engaña de por sí, en su misma dimensión de palabra, instaura la mentira y la verdad en el mismo acto, el lenguaje sirve para no comunicarnos. La palabra y sus “alrededores” descubre todo un mundo de malentendido!
O sea, que digas lo que digas, estás diciendo desde la estructura de lenguaje particular de TU inconciente. A ver, me refiero a que las “mentiras” que inventes para contar, las desfiguraciones, etc. Están inventadas por VOS, que sos la misma estructura que podría estar diciendo la verdad; o que podría estar mintiendo sin darse cuenta!!! El tema de LA verdad, es otro tema. Pero sabé que una cosa es la verdad del inconciente y otra la veracidad, la correspondencia con la realidad. Y aquí nuevamente, una cosa es la realidad psíquica, la tuya, la que construiste en tu cabeza para que viva tu cuerpo y otra las cosas que, supongamos, están efectivamente en el mundo: por ejemplo, todos estamos de acuerdo en que en este momento frente a tus ojos hay un monitor.
O sea, que hay algo de vos que se va a saber de todas maneras. Aunque es claro que hay mucho de vos que se va a perder. O tu historia va a ser inconexa e incomprensible para tu analista con lo cual es lógico que no saques del tratamiento todo el provecho que deberías. De cualquier manera un buen analista se da cuenta de esto, porque o sos un delirante o tu historia de vida hace mucho ruido. Si te pincha en el lugar correcto, salta el juguito! Y entonces te enfrenta con esta posición tuya y vos decidirás si querés hacer un tratamiento en serio o si dejás de perder tu tiempo y el suyo.
 Por otro lado están los “avergonzados” los “buenos samaritanos” que no quieren mostrar el lado oscuro del corazón. Los que cuentan muchas cosas, muy ciertas sobre sus vidas: pero son absolutamente nimias. Se guardan los datos sabrosos porque “cómo le voy a contar eso, después de todo es una desconocida, que va a pensar de mi”
¿Tengo que aclarar esto? ¿En serio hay gente que hace esto? Sí, y mucha. Entendé que, en realidad, el único que se perjudica en serio  con este tipo de actitudes sos vos, que te perdés de hacer análisis. Y encima estás pagando.
El pudor no tiene lugar en análisis, no como lo concebimos normalmente. Ese lugar es lo más íntimo de vos, en la silla de enfrente no te imagines a una chusma de barrio o a un aprendiz de vouyerista presto a juzgarte sino a un reflejo particular de vos, a un vos mismo que va a intentar mirarse desde afuera para verse bien adentro.
Así, por ejemplo la gente llena sus sesiones de cotidianeidades varias y el precio del papel higiénico mientras  omiten contar que hace años piensan en separarse y que sostienen a la vez un par de amantes, de mínima. O hablan de que no están seguras de si hacerse o no las lolas como todas sus amigas, mientras callan que no pueden tener  sexo con la luz prendida y esto les trae un problema de pareja que no logran resolver y que las llena de angustia.
No sos ningún vivo por creer que le mentís a tu analista y así le ganás a no se quien o que. Si vas a hacer terapia, HACELO EN SERIO. Comprometete con tu propio trabajo, involucrate con toda tu persona, que la ganancia es toda tuya.
Mentirle al analista, no tiene ningún sentido. Sacate de la cabeza la idea de que tu analista llega a la casa y aprovecha tus anécdotas para amenizar una reunión con amigos. Este es un lugar común, nos imaginamos al analista terminando la jornada, que de pronto mira a su mujer y le dice: “no sabés lo que me dijo  Juana de la Pelotas que hace para masturbarse, es lo más desagradable que haya oído en mi vida…” y su mujer entre horrorizada y divertida le contesta “no puede ser” y obvio, en la sesión siguiente te los cruzas a los dos en la puerta y notás como te miran con suspicacia: ellos saben tus peores secretos! Pará la paranoia. Esto no pasa. Y aunque pasara, no te detengas ahí, no tiene que ver con vos eso. Sino con un manipuleo siniestro de otro, por el que más tarde o más temprano va a tener que responder. Creeme, que en la vida todo vuelve.
Vamos, decidite a contar eso terrible que anida en tu cabeza, que al que más va a sorprender es a vos mismo (el tipo ya escuchó de todo para cuando llegaste vos), sos al único al que en realidad le puede servir para algo escuchar esas cosas, enfrentar esas cosas.
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EL PROBLEMA DE LA GRATITUD

Levante la mano el que está en análisis. Este post va dedicado a vos, que me vas a entender más que los demás, aunque espero que pueda servir también para pensar a aquellos que aún no se animaron a la aventura.
A ver como pongo esto para que se entienda. Como dije en otros posts, si vos estás trabajando bien en análisis y empezás a experimentar cambios, es inevitable en parte que consideras a tu analista el artífice de esos cambios y que sientas, consecuentemente, gratitud. Es decir, que te sientas agradecido para con esa persona que te ayudó a recorrer el camino de tu conocimiento.
Este sentimiento es lógico y está bien. El problema es cuando este sentimiento se interpone en el curso natural de un análisis. ¿cómo es esto? Imaginate lo siguiente, vos estás tan agradecido que no te animás a plantear algo que no te gusta del análisis. Ves cosas que te están empezando a hacer ruido y querés comentárselas a tu analista. Pero por alguna razón, que no sabés identificar, no te animás. Es más, digámoslo, te sentís culpable de reclamarle algo, cualquier cosa-por nimia o grave que sea-, a este ser al que le “debés” tu mejoría. Acá está el problema, te sentís en deuda. Esto es grave, muy. Esto es lo que quiero plantear hoy. La contracara de la gratitud es la deuda.
¿por qué? simple, porque quien no se sentiría un  miserable de ir a reclamarle una nadería a alguien que se toma tanto trabajo con vos???
Ojo, ¿cuándo pasa esto? No pasa en un buen análisis, porque no se establece la simetría que lleva a la deuda. Pasa cuando el analista cruza ciertos límites. Entonces además de tu tiempo de análisis, te pasa un dato para tu formación, te consigue entradas para algún espectáculo, te ofrece darte clases de algo, te presta un libro, te graba un cd, etc, etc, etc. Porque entonces ahí, el analista está jugado como persona en el dispositivo (esto ya lo hablamos en otros posts, si no te acordás o recién empezás a leer esta columna; volvé a los posts anteriores). Entonces, de persona a persona, alguien que te ayuda tanto, que te tiene en cuenta, a quien de una manera u otra sentís que le importás, le debés: por lo menos, reciprocidad. No podés ser tan miserable de ser un desagradecido. Es la dinámica de esa frase que dice que no se muerda la mano que te da de comer. Un horror. (ni hablar cuando esa mano te envenena!) El análisis es un espacio de libertad y conocimiento. Uno de los espacios en que más libertad subjetiva vas a conocer. Tenés que sentirte libre de plantear cualquier cosa, sobre todo las que no te gustan o pensás que están saliendo mal. Porque si no, no tiene ningún sentido. Se convierte en charla de café con un amigo cualquiera, que encima te cobra (y en general mucho) por el viejo oficio de escucharte.
No se trata del valor de “quejarse” en sí mismo. Se trata de ver de donde viene la queja o la crítica, con que hace serie. Como siempre, es el caso por caso. Habrá que ver después si se trata de que puedas quejarte, por ejemplo, y dejes de ser ese animal obsecuente que creó tu superyó paterno o; si en cambio se tratará de que dejes de quejarte y logres renunciar al goce que obtenés ahí.
Este tema se vuelve muy importante a la hora de terminar un tratamiento. Hago la salvedad de que lo que se entiende psicoanalíticamente por “fin de análisis” no es lo que estás pensando. 
Pero pongámoslo simple en dos ejemplos. Una posibilidad es que vos interrumpas tu tratamiento por la causa que sea, en este momento no nos importa. Si este es el caso, ¿cómo podés ver si esto de la gratitud se jugó bien o mal? Así, hay quien no se anima a interrumpir su tratamiento. Que repentinamente se siente culpable de dejar de ir. Siente que “no puede hacerle eso a su analista” es como “dejarlo en banda”, después de que él se tomó tantas molestias! Sabe que tiene el poder de dejar de ir en el momento que quiera, y aún así siente como un temor o un remordimiento. Se siente un desagradecido, un cobarde, por qué no un desgraciado! Y que palabra, porque uno teme perder la gracia de su analista, su favor, su deferencia por nuestra muy mediocre persona!
También pueden jugarse otras cosas en las interrupciones, está claro, como la resistencia, la ganancia de la enfermedad, etc. Nuevamente, caso por caso.
Si consideramos, la otra posibilidad, un fin de análisis; es todavía más complejo. No lo voy a desarrollar ahora, pero hay por lo menos dos corrientes fuertemente opuestas acerca del tema de cómo se da el fin de análisis. Según las escuelas, puede que el verdadero fin de análisis está dado por el paciente, como un movimiento subjetivo o que se construya en análisis junto con el analista; o que el analista “te de de alta” (habrás notado por las comillas a cual de ellas subestimo).
Esto es muy interesante, cualquier “final”: de un proceso, una relación, lo que sea; supone un duelo. Ahora te pregunto, ¿de que lado está el duelo de un fin de análisis? (siempre me refiero a un buen análisis, psicoanalítico). No, error, del lado del analista. Es el analista el que debe hacer el duelo por el fin del tratamiento!!! Como lo oís, está en los libros.
Según los autores, el sentimiento “correcto” de un fin de análisis, o sea, el que nos puede ayudar en el camino de pensar si eso es un fin de análisis o no, es o bien la euforia o bien la indiferencia. El paciente (ahora ex paciente, no?) debe sentirse eufórico, en un sentimiento que lo envuelve y lo involucra sólo a él, algo muy parecido al éxito. O debe sentirse indiferente, en el pleno sentido de la palabra. La corriente de emoción que se jugaba en ese análisis y que lo sostenía se agota, se acaba por completo y el paciente no siente especialmente nada hacia su ex analista. Así, el que queda agujereado, el que queda en menos, el que queda claramente en el lugar de objeto resto, objeto a desecho, es el analista (me metí con el objeto a, pero no hay problema, para entender, es igual si omitís la a) porque ya no tiene ningún valor particular, nada mejor que otro, para ofrecer al sujeto. El analista es el que hace un duelo, por el dolor que supone asumir esta posición, poder caer del lugar de SSS (sujeto supuesto al saber) en que lo colocaste al principio de tu tratamiento “el profesional sabe, él me va a ayudar, él sabe de mi, de mi sufrir”, de antemano.
Te imaginás que si vos estás sintiéndote a medio camino entre la gratitud y la deuda, esto es muy difícil de lograr, por no decir imposible. La indiferencia nada tiene que ver con la gratitud, de tu analista te tiene que importar un pimiento.
Vos quedate tranquilo y andá a vivir tu vida, con tu renovada capacidad de producir y de amar, con menos represiones, menos coaccionado por tu inconsciente, con tu miseria neurótica transformada en infortunio cotidiano: en el mejor de los casos.
Para tu analista, ni una plegaria (sobre todo no una plegaria, por favor!) que para eso le ensañaron en la facultad a asumir ese lugar de objeto resto y a realizar el duelo. Que ya se le pasará con otro paciente. Y si no puede, problema suyo. Y claro, en ese caso, tiene mucho que preguntarse.
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EL REVERSO DEL PSICOANÁLISIS

Qué problema el de la cura!!!! ¿De qué nos "curamos"?¿cómo?¿quién lo determina?¿cómo sabemos cuando estamos curados?¿qué hacemos después?

Voy a abandonar inmediatamente este término: cura. Es demasiado complejo y ambiguo como para ponernos a usarlo acá.

Hablemos mejor de mejoras. Mejorar a través de análisis es posible, en serio. El camino, sin dudas, es largo y arduo pero los resultados bien lo valen. No te entusiasmes inútilmente, puede llevarte años cambiar algo y hay algunas cosas que quizás no las cambies nunca. Pero ya hay ganancia en dejar el recorrido anoticiado. (Me estoy yendo por las ramas del fin de análisis, tema que debería ser de otro post, en todo caso) [...] 

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“MI ANALISTA ME DIJO QUE SOY UN PSICÓPATA”

Lo prometido es deuda. Perdón por la tardanza pero el deber llamaba, y llamaba a gritos!
Ahora, que pasa, este tipo que te atiende es un groso (o esta mina claro está) y uno muchas veces, más tarde o más temprano, empieza a escuchar con otros oídos sus palabras. ¿A qué me refiero? A que te empezás a autorizar en ese espacio acerca de tus decisiones, tu nueva posición, te vas creyendo cada vez más ese nuevo ser que se esconde, tímido, debajo de tus ropas. Cada vez estás más seguro/a de que tu vieja no es la dueña de tu vida, de que no tenés por que heredar el negocio de tu viejo y de que deberías dejar a esa mujer por la que hace años no sentís más que un tibio afecto.
Entonces, quieras o no, todas estas “construcciones” se fueron dando bajo la oreja y la voz de tu analista. No olvides que de él vienen las intervenciones (no todas, pero sobre todo las más reveladoras) y que si vos estás en una transferencia positiva (cosa que sería esperable, porque de otra manera no se puede trabajar) vas a darle más relevancia a sus palabras que a las de tu vecina doña chola. Vas a elevar lo que vos creés que son “sus opiniones sobre mi caso” al estatuto de “verdad” de alguien que la ve, y la ve clara, mucho más clara que vos por lo menos, que sos el que está loco, ¿no?
Es así, uno los admira, los idealiza, esos comentarios certeros nos dejan perplejos y admirados de sus capacidades de sondear nuestras almas hasta lugares que ni vos conocés. Y también empieza a crecer la gratitud en la gran mayoría de casos, porque tu vida empieza a mejorar, o porque te sentís un poco mejor, o lográs hacer algún cambio, o mover alguna ficha que te parecía tan imposible como el muro de Berlín (al final caen igual, viste?).
¿Cuál es el problema en todo esto que estoy diciendo?
Que hasta acá parece que el analista está de tu lado. Vos vas y llorás, puteás al mundo entero, jugás a la víctima, o al victimario. Y parece que como es tu espacio, y toda esa verdad es tuya y válida, tenés todo el derecho y todas esas posiciones son un poco “ciertas”. Puede que vos construyas una idea de vos o de tu patología o creas que la construyó él, ya no puedo opinar de todo eso porque es finísimo el borde entre algunas cosas.
El problema, al fin llegué, es que eso te va dando un nombre. El problema es que eso te de un nombre: “yo soy una histérica” “yo soy un neurótico obsesivo” “yo soy la víctima” “yo soy el culpable” “yo soy el varón que mi papá quiso y mi mamá no”, etc, etc.
Nada de eso, no SOS ninguna de esas cosas como condensaciones o coagulaciones de tu “esencia”. ¡¡¡¡No hay ningún sentido intrínseco a nuestra existencia dado de antemano. O por lo menos no podemos adherir a esto!!!!
Poco a poco te vas armando una idea de vos, y lo mejor (hay que decirlo) es que sea buena. Es que sea parte de una “reconstrucción” que te devuelva, básicamente, tu capacidad de producción y disfrute. Deberías irte caminando por la vereda pensando: “voy a ser un gran analista de sistemas”, “no soy un perdedor”, “soy una mujer tan bella como todas las demás”, y cosas por el estilo. Y es en estas cosas, que habrás construido en análisis, en las que vas a sentir que tu analista piensa lo mismo.
Es fácil empezar a comer de ese plato. Pero ¿qué pasa si en vez de todo esto tu analista te dice “usted es un obsesivo irremediable, va a dañar a todos los que dice amar” o “usted es un psicópata, yo no tengo nada que hacer con psicopatía como la suya” o aún “usted es un perverso y yo no voy a prestarme como instrumento de su goce, fuera de mi consultorio”? (al margen, cualquiera de estas cosas es una barbaridad porque tengas la estructura que tengas tenés derecho a tratamiento. Y si el especialista con quien estás no tiene la idoneidad necesaria para tratarte debe tratarte con respeto y sugerirte otro tratamiento, por ejemplo)
Esto es bien distinto, ¿no? No sería esperable que un/a analista se comportara así, pero pasar, pasa.
Y ahora, ¿qué hacemos? Digo, por que este tipo era un capo, estaba en tu misma frecuencia, vos hace años que lo escuchas con atención y das crédito a sus interpretaciones….
Voy a ir terminando: por este camino estás jodido. (Y acá me sirven de pie algunos comentarios que me hicieron sobre el post anterior).
El/la analista es una persona, y su mirada no es la única. De hecho si hicieras varios análisis a lo largo de tu vida con diversos analistas, tendrías varios historizaciones posibles de vos, varias versiones de tu vida, muy diversas consecuencias.
O sea: NO LO ENDIOSES, es un ser humano, preparado sí, que está mirado bien profundo a otro y tratando de ayudarlo; pero no más que eso. Puede que de cabezas como la suya esté adoquinado el camino que va al infierno. Lo que quiero decir es que por cien millones de razones las buenas intenciones no bastan y hasta pueden ser las madres de las peores cagadas.
No te compres un discurso que suponés es el de tu analista, no te autorices en él/ella. Porque si lo  hacés, el día que te “dicen” algo que no esperabas y con lo que hasta estás en desacuerdo, te venís abajo como un piano. Él/ella no es la única/o en el mundo.
Por favor no hagas el cliché de que te fue mal con UN analista y no vas nunca más a ninguno porque están todos locos, o no saben nada o la terapia no sirve. Una sola buena experiencia va a contrabalancear varias malas, creeme.  [...] 

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LO TENÉS QUE SABER

Estábamos en que el licenciado adoquín te toco a vos. No te desesperes, en general un mal analista sólo te deja frío, sus intervenciones no te llegan, no encuentra el agujero de tu mate. Te vas a dar cuenta porque vas a pensar que todo era un cuento, que el psicoanálisis no sirve, que seguís sufriendo como un perro, que te sentís igual de miserable y tu vida sigue igual, solo que en tu billetera falta plata. Y si, te robaron, pero eso es lo peor que te va a pasar, en general.
Olvidate de que un mal analista te va a trastocar tanto la cabeza que te va a terminar convenciendo de que te tires al río, y vos no vas a poder ni oponerte. No pasa. Ahora que un buen analista, un  buen analista no: un tipo con capacidad intelectual te quiere o te pueda hacer mierda es otro tema, próximo post.
El punto es que cuando te toca un idiota es como elegir una mala nutricionista: vas a seguir gordo. Esto es más o menos así, tu neurosis va a seguir inalterada. Y más te conviene rajar a tiempo y elegir un profesional nuevo con quien puedas trabajar en serio.
Es cierto que cada caso es cada caso, y que el psicoanálisis es una disciplina tan compleja que lo que hago yo acá es simplemente una herejía; pero pensemos en generalidades. Que cosas tenés que saber y tener en mente cuando te enfrentes a un analista.
y      No tiene que darte ninguna información personal, ni aunque preguntes: no se tata de él sino de vos en ese espacio.
y      No tiene que atenderte si no puede hacerlo (porque está en pedo, drogado, muerto de sueño, con un problema personal gravísimo, etc.) de esto te vas a dar cuenta en los hechos.
y      No tiene que intercambiar con vos información e otros pacientes.
y      No tiene que tener negocios con vos de ningún tipo, ni trueques, ni favores, ni nada
y      Si te habla de él vamos muy mal
y      No tiene que aconsejarte, ni criticar tus valores, ni juzgar tus intereses o principios.
y      No puede discriminarte por ningún factor (raza, nacionalidad, genero, elección sexual, enfermedades, credo, nivel socio cultural)
y      Prestá  atención para ver si lo que te dice te llega. Hay algunos comedidos que pueden citar autores, cuantos clásicos, etc. sin llegar a nada, puro despliegue de narcisismo.
y      Si nunca te habla se tomo la ortodoxia muy a pecho, tampoco se trata de que sea una tumba.
y      Si lo que estás haciendo es análisis, hacé diván. Si usas una silla o algo similar, dale la espalda. No debería dejarte enganchar en el juego de las miradas que es contraproducente en el dispositivo psicoanalítico.
y      Si te sentís mal por como se dan las cosas ahí adentro decíselo, tu analista debería escucharlo con atención y hacer algo al respecto.
y      No debería involucrarse sexualmente con vos, de ninguna forma. No se trata de puritanismo, es malo para tu tratamiento.
y      Si siempre te da la razón poniéndose de tu laco, simpatizando con vos; o por el contrario se enoja con tu actitud y te camorrea: dejalo ya y la próxima vez, en serio, conseguite un analista.
y      Si te sale con comentarios tales como “usted me enoja, usted me aburre, etc.”; fuera de ese consultorio!!!!
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Sigamos Pensando

Ahora sí, veamos un poco la siguiente situación: un determinado día de un determinado año colocamos un adoquín en el primer banco de la primera fila del Aula Mayor de la Facultad de Psicología dependiente de la Universidad de Buenos Aires. 5 años después regresamos al Aula Mayor: a nuestro adoquín le ha crecido pelo y ostenta un título, es el Licenciado Adoquín.
Ahora bien, hete aquí que somos nosotros los que hemos caído en las manos del Licenciado Adoquín ¿qué hacer?
No me digas que esta no es tu escena temida, debe ser el fantasma fundamental de todo no analizado: ¿a quién le estoy confiando mi salud psíquica? ¿y este/a de donde salió?
Ni hablar de que la mayoría ni siquiera sabe frente a que opciones está realmente (¿no entendés de qué estoy hablando? Remitite a mi post 1 y 2)
Reconozco que en una época, cuando mi indignación era tan nueva como mi convicción de que había algo para hacer al respecto, creía que con una breve guía de cada escuela u orientación; y simplemente preguntándole al profesional de turno, bastaría para elegir lo que cada uno considerase mejor y obtener los beneficios esperados.
Esto no resuelve el problema.  Al margen de que considero que toda persona que quiera analizarse o tratarse psicológicamente debería informarse para elegir desde las ganas que tipo de tratamiento desea probar (no me creas a mi, acercate a las tutorías clínicas de la facultad y vas a conseguir todo tipo de asesoramiento y te vas a encontrar con profesionales de ley de todas las orientaciones) Ahora, supongamos que sabemos que querés un psicoanalista lacaniano porque escuchaste mucho acerca de Lacan, y está de moda, y una amiga te dijo que es lo más, y, y, y…
Llamás a un teléfono, concertás una entrevista y te presentás luciendo tu mejor impostura viril o tu mascarada femenina y ahí, en la tierra prometida (sobre el escritorio) se encuentra el Santo Grial de tus certezas: “Radiofonía y Televisión” de Lacan.
Ya no hay que temer, ya no hay que dudar, hemos llegado al lugar indicado y nuestros temores se alejan, estamos frente a un lacaniano, es más, frente a un fanático, un seguidor, que no se despega de sus libros ni a la hora de atender, te parece que no existe mejor promesa de ortodoxia que esa.
Ahora yo me pregunto ¿esto es un dato? ¿de qué te sirve? Me refiero a ¿Quién carajo te dijo semejante cosa? Hay cien millones de razones por las que ese libro puede estar ahí. Por ejemplo puede que ese sea un consultorio de alquiler y esté lleno de material de otras personas: por ejemplo ese libro. Puede que el paciente anterior a vos se lo haya regalado a tu analista recién y él lo haya dejado sobre la mesa. Puede que se lo hayan prestado porque quería conocer algo de Lacan ya que nunca leyó nada y lo tenga ahí para devolverlo dentro de un momento. Puede que lo tenga aprontado para la próxima quema de libros de Lacan a manos de un grupo fundamentalista en su contra. Te lo dije, miles de razones.  O sea, vos quisiste ver en un libro a un lacaniano.
¿Qué hacemos? ¿preguntamos entonces al entrar al consultorio que línea sigue nuestro próximo terapeuta? No me parece, además el psicólogo te va a esquivar por excelencia. Nos informamos antes, eso es lo que tenés que hacer. Averiguá a donde estás llamando. Te paso un dato rapidito para que no pierdas tiempo: tirá la cartilla de tu obra social por el excusado (mejor no, seguro que se tapa) esa enorme lista que ves frente a tus ojos son TODOS psicoterapeutas, ni un analista, te lo aseguro. ¿por qué? la razón es muy simple, quieren pagar poco. La psicoterapia es por definición un tratamiento corto (si no fue así en tu caso, nuevamente, te estafaron) y el psicoanálisis uno largo (estamos hablando de por lo menos un par de años). Tu obra social sólo está dispuesta a invertir en tu noble testa apenas unos …digamos…cuatro meses de tratamiento!!!
Es más, para que te reintegren o te cubran algo, vas a tener que presentar un diagnóstico de tu psicoterapeuta que diga el tiempo aproximado que vas a estar en tratamiento. Freud decía que el diagnóstico definitivo debería hacerse a la salida de un tratamiento, no a la entrada. Al comienzo el analista no sabe nada.
Este diagnóstico que le pide la obra social debe ser hecho según los parámetros del DSM IV o el CIE 10,  te cuento que son dos manuales de psiquiatría que no tienen nada que ver con el psicoanálisis sino con el Prozac. Todos apuntan a tratamientos psiquiátricos o psicoterapéuticos breves. Terapias breves para problemas largos, mmmm, mala combinación.
Así que, ojo avizor a la hora de elegir.
Esto no nos salva de no saber que es lo que debería suceder después. De esto se trata justamente mi próximo post.
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orden, orden…

Quiero empezar este post con una aclaración muy importante. Al margen de mi estilo personal a la hora de comunicar mis ideas esta no es una columna de humor. No se trata de simple sarcasmo, reflexión ligera o desinteresada. Es claro, es sólo un extracto de lo que puede ser dicho o pensado acerca del tema. No se trata tampoco de que vaya a dar cátedra en este espacio. Digamos mejor que me salteo algunos escalones lógicos para llegar a las conclusiones a las que adhiero. E intento generar un pequeño escozor en tu mente, en ese lugar recóndito en el que se te quedó grabado que el psicoanálisis es para “locos”, o que vos no lo necesitás, que estás bárbaro. Intento que se te ocurra que quizás, sólo quizás te estuviste perdiendo una experiencia única, enriquecedora y sin precedentes en tu vida. Más allá de todas las opiniones el psicoanálisis es una experiencia conmovedora, en más de un sentido. Personalmente creo que todo el mundo debería darse una vueltita por el diván, como una medida de salud a nivel nacional o algo así. Aunque la analogía tiene una connotación negativa en más de uno, me imagino algo así como cuando el servicio militar era obligatorio. Más provechoso hubiese sido que todo el mundo tuviera que cumplimentar dos años de análisis obligatorio. Ja! Se imaginan un sello en la libreta sanitaria?!
Un último comentario, más piadoso o técnico quizás, acerca de todas estas corrientes que hoy prefiero llamar post freudianas, como muchas de ellas mismas se definen (psicología del yo) yo no las acuso de nada de lo que ellas mismas no se incriminen. Estas corrientes son malas sin más porque ellas se privan y se pierden del milagro de la transferencia; que es toda la razón y el secreto de un análisis.
Tengo claro que más allá de todo lo que pueda decir no hay manera cierta de que me creas hasta que no te animes a la experiencia. Va a haber quienes no me crean nada, quienes nada entiendan, quienes me tomen a chiste o quienes busquen errores y traspiés detrás de cada uno de mis comentarios “está seguro de lo que dijo? Eso no se contradice con…?”, es raro que los muy escépticos o los muy hincha pelotas den comienzo a un análisis.
Ahora que me quedé pensando en la transferencia y su inmenso poder (hay serias elaboraciones teóricas que están de acuerdo conmigo, ríos de tinta se han dedicado a la transferencia) me surgió otra comparación con todas estas psicologías del yo: se dedicaron a trabajar la contratransferencia y encima, mal entendida.
Freud  habló de contratransferencia, para referirse a los sentimientos e ideas que el paciente despertaba en el analista: como movilizaciones de su propio inconsciente. Y era una advertencia sobre la transferencia por excelencia. Se trata de mantener el principio de neutralidad y abstinencia por encima de todo, y no significa que la contratransferencia pruebe que es un mito imposible de sostener. Sino, por el contrario, es una advertencia a que uno es un ser humano y hay cosas que van a pasarle. Pero justamente, ha de estar advertido.
La psicología del yo trabajó la contratransferencia en el espacio del paciente (en lugar de en las supervisiones del analista) responsabilizando al paciente de ella. Es así como tenemos viñetas clínicas (son pedazos de casos clínicos reales preparados para su difusión: desfigurados) de estos “profesionales” diciéndole a un paciente cosas como: “usted intenta aburrirme” “usted intenta seducirme” “usted intenta que yo me enoje con usted” sólo porque el psicólogo en cuestión cree que tiene derecho a estar allí como persona, y a tener, por ejemplo, preferencias; en lugar de ocupar un lugar de escucha. Entonces, es claro, se aburren, se excitan, se enojan: porque se juegan a si mismos como personas en un espacio en el que no se los requiere de ese modo. No queremos nada de nuestros analistas como personas, son un auricular adaptable a cada uno de nuestros lenguajes, son como la luna de un espejo, no devuelven más que lo que se les muestra; son como un cirujano, liberados de sentimientos humanos de empatía, solidaridad o desprecio. [...] 

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NENE, TENÉS QUE HACER PSICOANÁLISIS

Este post intenta lisa y llanamente hacer demagogia. Cada cual que juzgue luego cuanto hay de cierto y de útil en este lío psi.
Queda claro, yo estoy a favor del psicoanálisis, 5 años de análisis personal y 6 de psicología me avalan para estar abiertamente a favor, y claro, no puedo menos que intentar convencerte, a la manera de “unirte al rebaño”; aunque odie esa frase de connotación tan religiosa.
Por ser la primera vez, la voy a hacer corta, pero no desesperes, hay más de donde salió esto.
El psicoanálisis es, de todas las técnicas de exploración y conocimiento de la psique (comoquiera que se la conciba), la mejor: es la que más profundo llega, la de desarrollos teóricos más firmes y constantes (aunque es cierto que no es la más vieja, pero sí es la más sólida). Trabaja con lo que es constitutivo del psiquismo humano desde su formación en cada uno de nosotros. Intenta… ver tu matrix, por decirlo de algún modo. Y una vez vista, te la muestra para que la veas, la asumas y si querés,  la cambies (no hay por que hacerlo). El logro por excelencia, o sea: lo que te vas a llevar sí o sí si trabajaste bien con un buen profesional (todos temas sobre los que ya te voy a ir comentando) es saber quien carajo sos en serio, de una vez por todas, por que hacés lo que hacés, por que no hacés lo que no hacés, por que siempre terminás con la misma mina (por que sólo terminas en esa posición) y por que sufrís como un boludo inútilmente, de puro neurótico. (Lamentablemente es cierto, quisiste acostarte con tu vieja).
Todo el resto del abanico de las psicoterapias de todo tipo trabaja más light. Trabajan con el yo, o como decimos con Lacan, con lo imaginario, lo especular (no desesperes, me he propuesto firmemente llegar a darte una idea de que es todo esto).
Psicoterapia, trabaja fundamentalmente con el yo, refuerza tu autoestima, desestima tus miedos, angustias y ñañerias por el estilo, tu terapeuta puede llegar a trabajar con gente de tu entorno, de tu familia por ejemplo (ya vas a saber por que esto no tiene ningún sentido), gentilmente te dice por que estás equivocado y como no podés pasarte la vida quejándote sólo por que te faltan las mejores ideas, que por supuesto tu terapeuta puede darte: básicamente, él, un “espíritu superior” que mira en tu alma con claridad, te aconseja. Sí, como lo oís, esa al que cornea su mujer te aconseja.
Siendo innegables los descubrimientos freudianos del inconsciente y sus mecanismos, desconocerlos o ignorarlos (me refiero a una vez conocidos) me parece lisa y llanamente  de orates.
Voy a agrupar juntos, porque son la misma bolsa de gatos, a los cognitivo-conductuales, los conductistas, los gestálticos, los terapeutas de grupo, los de bio-energética(¡!) y otras alimañas del rubro. Estos directamente se saltearon la carrera. Obvio, te van a decir que el psicoanálisis es un cuento y que ellos eligieron, entre todas las opciones, lo que hacen. Mentira! Es lo único que pueden hacer, porque psicoanálisis no entendieron.
Para que sepamos de qué estamos hablando, algunas de estas corrientes son herederas (digo herederas porque elijo, presa del horror, saltearme el hecho de que se sigue haciendo) de aquellos grupejos de so called científicos que curaban la homosexualidad aplicando descargas eléctricas en las pelotas y el culo de los “putos” a los que mientras les mostraban imágenes homosexuales: para que se les vayan semejantes mañas. No voy a explayarme sobre semejante tipo de barbaridades sólo dignas de idiotas, y de idiotas peligrosos encima.
Otros son de la corriente de Bucay, y ya todos sabemos  lo que él hace mas o menos, (exacto, más o menos sabemos y lo que él hace lo hace más o menos) porque se encargó de hacerlo tan público y tan masivo que hay algunos a los que incluso convenció de que vos tenés alguna similitud con una rana que se ahoga en un tacho de crema!!!
Los cognitivo conductuales deberían ser llamados simplemente: entrenadores de perros. Con el viejísimo e igualmente obsoleto modelo de estímulo-respuesta creen poder controlar tus locas pulsiones a la deriva, los sueños de los que te despertás sudando, tu constante fracaso académico  o tu inquebrantable falta de compromiso.
Ya me aburrí de comentar a estos locos. La próxima te enseño como elegir tu propio psicoanalista y que cosas deberías saber (vos y todo el mundo, claro) cuando empieces tu, espero que después de este post inminente, tratamiento.
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